Bob Dylan se reencontró anoche con México tras dieciocho años de ausencia en el paÃs, en cuya capital ofreció un concierto con aires de swing, rock & roll, blues y country, a lomos del teclado y la armónica y con cierta impasibilidad ante el público.
Los asistentes, en cambio, se habÃan rendido a su Ãdolo antes incluso de que pisara el escenario en Ciudad de México, expectantes tras la larga ausencia del músico en el paÃs. AsÃ, cuando salió a las tablas, tocado con un sombrero blanco y con su caracterÃstica expresión adusta, las 10.000 personas que se congregaron en el Auditorio Nacional ya se habÃan arrodillado ante la leyenda y el aura de realeza musical que le preceden.
Acompañado por una banda pulcramente uniformada y al estilo de los tahures del Misisipi, Dylan reservó al principio sus mejores cartas y apenas se movió del sitio en las primeras tres canciones, que empleó para calentar la voz. Sólo cuando se puso al teclado con “Masters of war”, de 1963, el artista reveló su mano ganadora y comenzó a imprimirle ritmo a una garganta curtida y marcada a lo largo de casi medio siglo de liza.
Al final de cada tema, el astro se permitÃa una leve inclinación como muestra de agradecimiento; las luces se apagaban entonces para darle unos segundos en los que recargar su magia. Con “Things have changed”, canción por la que obtuvo el Oscar en 2000, el artista sacó el primer as de la manga de la noche y ofreció una versión muy distinta al original, que le brindó, como habÃa calculado, el asombro arrebatado de la concurrencia.
El auditorio, hasta entonces muy respetuoso y comedido, se puso en pie a bailar con “Like a rolling stone”, en la que Dylan puso todo su empeño y se llevó todo lo que el público tenÃa que ofrecerle. Poco antes de retirarse, se dirigió por única vez -en inglés- a los asistentes, para presentar a sus cinco músicos y sembrando la duda de si habÃa pronunciado un rápido “Gracias México” al principio.
No acabó ahà la noche porque el artista volvió para recompensar al auditorio con dos canciones más, entre ellas un “Blowin in the wind” a ritmo de blues como broche final a algo más de hora y media de concierto. Una última reverencia, más prolongada, sin que el sombrero blanco se hubiera movido de su sitio en ningún momento desde su entrada, y paso sosegado de salida. Dylan regresará esta noche de nuevo al Auditorio Nacional capitalino, segunda etapa de su gira por México, que continuará en Monterrey el dÃa 29 y en Guadalajara el 2 de marzo.
Tras ello, el cantante se marchará a Brasil para actuar dos veces en Sao Paulo (3 y 6) y otra en RÃo de Janeiro (8). Más tarde, Dylan pondrá rumbo a Santiago de Chile (11), Córdoba (13) y Buenos Aires (15) en Argentina, y, como colofón, Punta del Este (20) en Uruguay. El promotor en México de Dylan para la gira afirmó hace unos dÃas que el entorno del músico, de 66 años, habÃa dicho que quizás ésta fuese su última gira por Latinoamérica.
La discreción es la norma que rige la estancia del intérprete en Ciudad de México, sin peticiones especiales salvo la imposibilidad de tomar imágenes en los ensayos y de forma muy restringida en el propio concierto. No obstante, el artista sorprendió con una visita inesperada el lunes a un gimnasio de boxeo del Centro Histórico de la urbe, según medios locales.
La rédaction (www.legrandjournal.com.mx)
Bob Dylan - Mr. Tambourine Man

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